Carolina Ramos llegó a pesar casi 100 kilos. Hasta los 43 años, había padecido una vida de dietas para nada. “Nunca estaba en paz. Probé con homeopatía, pastillas que no sabía lo que tenían, Alco, dieta hipocalórica, grupos de autoayuda. Todo funcionaba hasta que terminaba muy frustrada de tanta restricción”, cuenta. Desde que se desarrolló, según recuerda, sufre sobrepeso. “Por momentos adelgazaba, pero siempre volvía a engordar. Mi mamá, una persona diabética y hiperobesa no ayudaba con buenos hábitos de nutrición”, confiesa.

Vivía en un estado de angustia constante hasta que tocó fondo. “Necesitaba desesperadamente una solución. Recuerdo un momento clave: me dispuse a llenar la bañera para darme un baño de inmersión y sólo se llenaba la mitad donde estaba la canilla. El agua no llegaba a la otra parte porque mis muslos y glúteos iban de pared a pared”, comenta.

Esa imagen, que no puede borrar de su mente, la impulsó a buscar ayuda. Había escuchado hablar del balón gástrico y lo veía como un corte a su enfermedad. “Conocí al doctor Javier Ithurralde, yo sabía que era especialista en cirugía bariátrica. El balón gástrico fue lo mejor que me pasó. Porque mientras aprendía una nueva vida en torno a la comida, tenía un freno físico que no me dejaba hacer las cosas mal. Mi relación con la comida evolucionó. Mejoré la elección de los alimentos y aprendí a racionar correctamente, comiendo absolutamente todo. Y la incorporación del ejercicio mejoró mí energía y el descanso”, cuenta.

Antes de la intervención la balanza marcaba 97 kilos. Ahora, que lleva bajados 21 kilos, Carolina ha experimentado una gran transformación, que no es solo físico. “Es más que nada emocional. El cambio fue tan grande que hasta me dio la seguridad suficiente para cambiar por un trabajo mucho mejor después de 10 años en la misma empresa. Anímicamente mejoró mi humor, mi autoestima y toda mi vida en general”, apunta.

UNA EPIDEMIA MUNDIAL. La obesidad es un problema de salud que tiene alcance global, pero con solución.

Más demanda

Como el caso de Carolina, cada vez más pacientes consultan por las intervenciones que ayudan a enfrentar la obesidad, una epidemia que crece día a día en el mundo.

Francisco D'Onofrio, quien dirige en nuestra provincia el Programa de Atención Integral de Obesidad (PAIO), comentó se ha observado un aumento en las consultas para cirugías bariátricas y metabólicas. “Los pacientes están recurriendo a estas intervenciones con mayor frecuencia, pues quieren mejorar su salud y calidad de vida, no tan solo su estética. En muchos casos están correctamente prescritas y en otros no, ya que no cumplen con las indicaciones médicas”, aclaró.

José Cabrera, especialista en obesidad mórbida del PAIO y referente de cirugías bariátricas, sostuvo que en estos dos últimos años de pandemia por covid-19 la obesidad siguió en su curva ascendente e incluso el coronavirus acentuó la gravedad de esta enfermedad porque muchos tratamientos quedaron en stand by.

Cabrera remarcó que las cifras a nivel mundial y local indican que el acceso a un tratamiento por parte del paciente con obesidad es muy bajo. “Sigue costando que se considere una enfermedad; a la obesidad se la ve más relacionada a los malos hábitos de una persona y se subestima la gravedad que puede tener”, explica.

En este sentido, la intervención quirúrgica, según Cabrera, posibilita controlar y mejorar respuestas de tratamientos y disminuir complicaciones de otro tipo de patologías asociadas, como la diabetes o la hipertensión. Sin embargo, muy pocos acceden: entre el 1,5% y el 5 % de los pacientes obesos. Y en la mayoría de los casos deben esperar más de un año.

Los pacientes con obesidad mórbida, por ejemplo, sufren obesidades que en el 95% de los casos no se resuelven con tratamientos clínicos, remarca. En cambio, si se operan, entre el 70% al 75% de los casos tienen probabilidades de salir adelante. El otro 25% puede volver a ganar peso, lo que sucede si la intervención no es acompañado por un cambio hacia una vida saludable.

Tipos de intervenciones

Entre las intervenciones que ayudan a bajar de peso encontramos el by pass gástrico y el balón gástrico. “El primero es una cirugía que requiere un entrenamiento especial: quirófano, internación y potenciales complicaciones. Tiene sus indicaciones precisas y es irreversible. A su vez, la cirugía está indicada en pacientes con obesidad mórbida. A diferencia de esto, el balón gástrico es algo transitorio, ambulatorio, sin anestesia, ni cirugía ni endoscopía”, explica Federico Cuenca Abente, médico cirujano, especialista en cirugía bariátrica y co-Director de Cliníc Integral.

Ithurralde comenta cuáles son los beneficios del balón intragástrico ingerible, una de las últimas novedades: “es un procedimiento que no requiere ni anestesia, endoscopía ni cirugía. Por lo tanto, es una intervención de muy baja invasividad”.

“El balón gástrico se ingiere a modo de cápsula, y una vez localizada en el estómago, se infla con medio litro de solución fisiológica. Actúa generando saciedad precoz, al ocupar espacio en la cavidad gástrica. Luego de cuatro meses, el balón se libera del contenido, y la cápsula se elimina naturalmente”, describió.

“La indicación ideal es para aquellos pacientes con sobrepeso y obesidad grado 1. Puede indicarse en otros pacientes con mayor obesidad o sobrepeso, siempre y cuando tengan contraindicación o no acepten procedimientos quirúrgicos, es decir, si hay un paciente que tiene 40 de IMC (Índice de Masa Corporal) y tiene indicación de cirugía, pero no desea operarse puede optar por el balón intragástrico ingerible”, explicó el especialista.

En cifras

Hasta antes de la pandemia, cada año, unos 10.000 argentinos se hacían una cirugía bariátrica. Las técnicas más frecuentes son el by pass gástrico y la manga gástrica, que son dos maneras de reducir al estómago.

Según explica Cabrera, para poder hacerse la cirugía, es necesario tener un IMC mayor a 40 (obesos mórbidos) o de entre 35 y 40 (obesos “severos”) con una o dos enfermedades asociadas.

El IMC se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). Por ejemplo, alguien que pesa 60 kilos y mide 1,60 metros tiene un IMC de 23,4.

Realidad preocupante

Antes de la pandemia, el 61,6% de los argentinos tenía exceso de peso: el 36,2% tenía sobrepeso y el 25,4% obesidad, según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR). Se calcula que ahora más del 70% de la población está excedida de peso, y el 30% tiene obesidad.

Según cuenta Cabrera, en muchos casos, hacer dieta no alcanza. Tampoco el gimnasio, ni los tratamientos diversos que existen para perder peso. “A veces, es necesario recurrir a intervenciones médicas y quirúrgicas para lograrlo. Una de las alternativas es el balón gástrico, que se puede dejar hasta un año en el cuerpo”, especificó. Según Cabrera, el balón funciona como una restricción, pero sin un acompañamiento de un tratamiento psicológico y nutricional no sirve de mucho. “Es imprescindible que el paciente se comprometa y esté motivado a llevarlo adelante para que tenga los resultados deseados”, señala.

“El by pass gástrico es una cirugía que modifica la anatomía digestiva, por lo que sus resultados se sostienen en el tiempo, en la mayoría de los casos, durante toda la vida. El descenso de peso es mucho más significativo que con el balón gástrico, y es por eso que está indicado en pacientes con obesidad moderada-severa. De todas formas no se trata de un menú de oferta de intervenciones que el paciente pueda elegir. Es algo que evalúa el médico”, señaló.

La cirugía, por un lado, reduce el tamaño del estómago y también da una saciedad química, ya que los cambios inducidos por la cirugía modifican las hormonas del hambre y la saciedad. Hay un cambio en el metabolismo, remarcó.